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jueves, 27 de octubre de 2016

Crónica Ultra Trail de Gredos 2016

Ya recuperado o medio recuperado, cuerpo y mente me aventuro a compartir con todos vosotros mi crónica del Ultra Trail de Gredos de 2016 (UTG), uno de los ultra trail más bonitos y duros de la península.

Mi crónica comienza el día 30 de Septiembre en Lanzahíta ya que en este bello lugar de Ávila es donde dormimos todos los amigos que participamos en la prueba, aunque está un poco lejos de Candeleda (lugar de salida y llegada del UTG) ya es tradición que montemos el “campamento base allí”.

En Lanzahíta intentamos dormir algo y nos levantamos pronto, muy pronto, a las 02:30 del ya día 1 de Octubre. Nos damos una ducha, pasamos por el servicio varias veces (ya sabes) desayunamos y ponemos rumbo a la aventura, pero antes, hacemos recuento y nos falta uno, “coño, ¿dónde está Pocholo?” pues dormido, eso si que es tranquilidad antes de la carrera…y ahora ¡corriendo que no llegamos!.
"un amanecer inigualable que tiñó de naranja los picos de Gredos"
Ya en Candeleda los nervios están a flor de piel y estamos deseando empezar, control de material y a las 04:30 dan la salida de una gran aventura. Comenzamos la subida al Puerto de Candeleda en una completa oscuridad pero con una temperatura muy agradable que invita a disfrutar de la gran subida que nos lleva a ascender algo más de 1500 mtrs en apenas 15 km. Durante este primer tramo los frontales alumbran un suelo lleno de ceniza, un suelo triste y gris como consecuencia de un incendio, una pena.

Empiezan a perfilarse las cumbres de las montañas cuando coronamos el Puerto de Candeleda, que da paso a un tramo de terreno que nos da un pequeño respiro aunque no es más que un espejismo ya que pronto comienza una gran pendiente por una técnica pedrera que nos hará llegar al Morezón (2389m). En la cumbre pudimos disfrutar de un amanecer inigualable que tiñó de naranja los picos de Gredos, una maravilla que no tiene precio y que nos ayudó a recuperar el aliento. 

En este punto seguimos juntos cuatro compañeros  de los seis que tomamos la salida, dos van por delante Manu y Corba, unos cracks.

Subimos por pedrera y bajamos por pedrera hasta enlazar con un camino que nos permite correr un buen tramo pasando por la Laguna Grande y llegar al avituallamiento del Refugio Elola. En ese momento nos encontramos rodeados de montañas y te sientes pequeño, muy pequeño sobre todo sabiendo que esto no ha hecho nada más que comenzar ya que estamos en el kilómetro 23, faltan 62.

Comenzamos una subida dura, de las que pasan factura a las piernas, discurre por el llamado Canal de los Geógrafos y nos deja en el Rellano del Ameal de Pablo desde ahí vemos la dureza de Gredos y piedra, mucha piedra que nos va a tocar subir y bajar. Descendemos por el Gargantón, incluida una pequeña pared en la que tenemos que ayudarnos de una cuerda que han colocado los amigos de “No solo cuerda”, la bajamos con más o menos dificultad y seguimos bajando, en este tramo debido al paso que acabo de comentar nos separamos David y yo (Fran) de Pocholo y Fer ya que se ha montado un pequeño atasco.

Durante la bajada mis zapatillas pierden agarre en los mochos de cervuno y me hacen poner el cuerpo en tierra un par de veces pero nada importante.

Ahora si señoras y señores, comenzamos a subir Cabeza Nevada (2427m), el punto más alto de todo el UTG que marcaría un punto de inflexión sobre mi carrera, la subida es dura, una pedrera de grandes bloques que ponen a prueba las piernas y el equilibrio, un paso en falso y la caída no es precisamente en blando. Poco a poco vamos coronando pero parece que esto no se acaba nunca. Finalmente llegamos a la cima, aunque la verdad que apenas la disfruté, pasó todo muy rápido y eso que no habíamos llegado ni al kilómetro 30.

La bajada de Cabeza Nevada se me atraganta completamente, no me responden las piernas como quiero y veo como mi compañero está fuerte pero me está esperando y eso me da mucha rabia, le digo que tire pero nada, es muy cabezón este David. Despacio voy bajando sobre las piedras que se mueven más de lo que me gustaría (el encanto de Gredos, no querías piedras, pues toma dos tazas).
"hay veces que somos nuestro peores enemigos"
Llegamos a la Pradera del Cervunal y una idea empieza a rondar mi cabeza, mal asunto amigos, “parece que no tengo un buen día”. El camino se hace algo más cómodo y después de una bajada llena de hierba en la que mis zapatillas no agarran nada, casi me caigo unas cuantas veces y blasfemo en arameo otras tantas, llegamos al avituallamiento del Puente de Roncesvalles, por cierto, ole por estos y por todos los voluntarios, que gente más maja y como animan, por cierto algunas de las fotos que he usado para el post son suyas, ¡muchas gracias!.

Comenzamos un tramo muy cómodo por la Garganta de las Pozas, un camino en el que podemos trotar aunque pique un poco para arriba, sigo con mi compi David pero ya le comento que no me encuentro bien. Vamos por el kilómetro 35, tropiezo cada dos por tres, la cabeza me dice que no puedo y no paro de darle vueltas, “llevas poco más de un  tercio y ya estás así”, “pero que te pasa”…hay veces que somos nuestro peores enemigos.

Sigo como puedo, hasta que sobre el kilómetro 39 le digo que tire con el grupo con el que vamos, tengo que bajar el ritmo. A regaña dientes acepta y veo como poco a poco me van sacando más cacho. La lucha mental en ese momento es más dolorosa que la física y la mezcla es brutal “¿Qué te pasa Fran?” me pregunto todo el rato.

Llego al Prao Pozas y hay un control, en el que me pregunta un voluntario que como voy, le digo que hoy no es mi día y que cuando uno no tiene un buen día es mejor hacer borrón y cuenta nueva, es decir, ya he decidido que en la Plataforma de Gredos termina mi Ultra Trail.

En la Plataforma (km42) me encuentro con David le digo que abandono, que hoy no puedo más y pese a que me joda horrores no puedo seguir. Me pregunta varias veces que si estoy seguro y le digo que si. Recarga agua, termina de comer algo y veo como se aleja. Ya sabéis como es este momento en el que la realidad te pega un bofetón que te deja doblado.

Como unos macarrones, bebo coca cola, como sándwich de nocilla, me pongo como el quico vamos, jeje y decido llamar a mi mujer, la que me aguanta todas mis tonterías. Lo primero que me pregunta “¿estás seguro?” como me conoce la jodia, sabe que estoy desmoralizado y que lo mismo, solo lo mismo no pienso con la claridad que debería, “si,si, lo tengo claro, abandono”. “ok” me contesta, “Fer y Pocholo están llegando por si quieres unirte a ellos”, “tranquila, no creo, no obstante si no te llamo en un rato es que me voy con ellos”, y claro, no la llamé.

Pasa un rato y llegan los amigos, “¿qué tal chicos?¿cómo váis?” “bien, bien ¿y tú?¿David?”, “David ha tirado para adelante y yo me quedo aquí”. 

Me preguntaron tres veces que si estaba seguro y en la segunda ya me estaba poniendo la mochila para salir, si es que soy muy facilón…jeje.

Ponemos dirección a la cuerda de los Campanarios con un ritmo cómodo, sin prisa pero sin pausa que me hace recuperarme mucho, en algún corte nos dicen que vamos justos y nos va a tocar apretar los dientes muy mucho.

Ahora nuestro objetivo es llegar a la Mira (2343m)y bajar lo más rápido posible al Refugio Víctory. La subida a la Mira la hacemos relativamente rápido y la bajada al Refugio pese a ser una pedrera bastante suelta y pese a tener ya las piernas tocadas la hacemos con sorprendente habilidad, eso tiene que ser la adrenalina y los Galayos están de testigo, esos picos tan espectaculares han visto de todo,jeje.

Ya en el Victory cogemos agua y salimos pitando hacia el Nogal del Barranco, último punto de corte y hay que entrar en tiempo, ya que estamos…

En este punto me encuentro muy bien, me he recuperado sorprendentemente y tengo ganas, muchas ganas de seguir adelante.

Durante la bajada Pocholo nos dice que le está matando una rozadura, se hace una cura provisional y sigue como un campeón hasta cruzar todos en tiempo el control. Allí tenemos el plus de energía que nos hacía falta, están todos los amigos, amigas, mujeres, novias, niñas… animando y que queréis que os diga, ese fue sin duda el mejor avituallamiento y no fue de comer (que también y voluntarios simpatiquísimos), fue de moral. Sois los mejores, especialmente mi mujer que tiene una paciencia…te quiero

Comemos algo y vamos a por los últimos 30 kilómetros, sabemos que estamos los últimos, no nos importa, nosotros vamos a nuestro ritmo, al tran tran, y tan contentos, jeje.

Se nos echa la noche encima, y entre pinos vamos comiéndonos los kilómetro cuando Pocholo nos dice que la rozadura le está matando y no puede seguir, menudo putadón, nos queda poco más de 20 kilómetros pero es imposible, le duele horrores y lo primero es lo primero. Vamos avanzando poco a poco hasta que llegan los escobas. 

Hablamos Fer y yo sobre que hacer, Pocholo nos dice que sigamos y pese a que nos jode mucho nos despedimos de él y continuamos.

Fer me hace prometerle que como él ya completó el ultra el año pasado (un servidor no pudo participar por una operación) que si vemos que vamos justos de tiempo, que corra todo lo que pueda hasta llegar a la meta en tiempo.

Nos juntamos con los escobas, Alberto e Ismael, menudos cracks los tíos, desde aquí muchas gracias por el apoyo ya que nos dijeron en todo momento que llegaríamos y reconocer su importantísima labor en estas carreras.

Entre charlas, risas y acordarnos del compi que se acaba de retirar, vamos haciendo kilómetros y no paramos de mirar el reloj, ¿llegamos al corte?, ¿llegamos?. Vemos delante de nosotros unas luces de otros corredores y nos impacientamos más si cabe, último avituallamiento y seguimos.

La pista forestal que discurre por el GR180 se hace interminable en este punto y Fer me dice que corra, que corra como si no hubiese mañana y pese a que me jode tirar solo, una promesa es una promesa y empiezo a correr como si no llevase 70 kilómetros en las piernas, como si no fuese de noche y como si mi frontal alumbrase algo (menudos tropezones).

Llego a la altura de los corredores que iban delante, la verdad que corrí mucho, esos últimos kilómetros, por debajo de los 6 minutos, no sé ni de dónde saque las fuerzas. Saludo a los corredores ya que nos hemos estado viendo varias veces durante la prueba y se crea muy buen rollo.

Sigo mi camino y cada vez veo más cerca el pueblo, ya se oyen las voces, la música y a mí se me sale el corazón del pecho, no del esfuerzo (que también) si no de la emoción…¡ya piso asfalto! y oigo enhorabuenas y aplausos, todo como en una nube, sigo rápido corriendo, no paro quiero ver ese arco de meta.
"un abrazo y un beso que valen los 82 kilómetros y los 4500mD+"
Enfilo una calle muy larga, giro a la izquierda y ya veo la meta y la cabra, esa bendita escultura de una cabra que preside la plaza de Candeleda y que representa tanto a Gredos y veo a los amigos en la meta y a mi mujer. No sé ni que pensaba en ese momento, pero la sensación era indescriptible, plenitud total de verdad que no hay palabras, ni lágrimas tenía, no se atrevían a salir. Finalmente cruzo la meta y Azu me da un abrazo y un beso que valen los 82 kilómetros y los 4500mD+ que ya he dejado atrás, soy feliz.

Pasan unos minutos y oigo una carcajada muy conocida, es David que me mira, se ríe y me dice, “¿pero tú no te retirabas bandido?” y nos damos un abrazo que lo dice todo.

Al rato y en tiempo, si señor, cruza Fer, Ismael y Alberto. Me acerco, le doy un abrazo a Fer y le doy las gracias por el capote del segundo tramo, sin su ayuda y sin la de Pocholo no hubiese acabado.

Bueno corredaleros y corredaleras, menuda parrafada os he soltado pero es que resumir tanto en tan poco es muy difícil, espero que lo comprendáis, por cierto, si estáis pensando en apuntaros a este Ultra de Gredos, no lo penséis, inscribiros ya.



*Muchas gracias a todos los voluntarios, fotógrafos y organización por todo, cojo unas fotos de las que nos habéis hecho, espero que no os importe.

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